Soy un desastre. Lo admito y entono el mea culpa. Día tras día se me va pasando el arroz de las nuevas «tecnojodías» de la imagen y me estoy quedando antediluviano del todo en lo relativo a «cad-cam», «web-cam», «dir-cam» y, sobre todo, TDT («¿cam-cam?»), ese paraíso televisual y telemático que, según dicen, es la repanocha, pero al que aún no me apunté, así que mi tele, analógica y meteorológica (funciona según tenga el día la parabólica y fatal si sopla Nordeste, que la deja tiesa como un témpano), me tiene contento.
El otro día, por ejemplo, en plena final de la Champions, roló el viento de Norte a Nordeste y de repente yo empecé a ver por las gradas del Olímpico de Roma, cada vez que el Barça hacía un jugadón, una frase que metía miedo: «Catatonia is not Spain», «Catatonia is not Spain», «Catatonia is not Spain», y en ese plan.
¿Catatonia? ¿Qué coño es eso? -me pregunté sin hallar respuesta-. ¿Una nueva nación que es más que un club? ¿Veré visiones? ¿Será la tele analógica compinchada con la antena y el mal tiempo, ese trío en que deambula mi universo televisual desde el antiguo régimen?
Con tanta pregunta en la cabeza me lancé a la «Wikipedia», que es el «Espasa» de hoy, incluso para los del plan antiguo, y leí:
«Catatonia. Síndrome. La catatonia no es una enfermedad, sino un síndrome. Su característica es la inmovilidad física, ya que internamente la persona que sufre de la crisis catatónica está demasiado metida en sus pensamientos, en su mayor parte desconectados del mundo exterior. De vez en cuando, los pacientes dicen frases sin sentido y también realizan repeticiones de movimientos estereotipados».
O sea, tremendo. Menos mal que, según las pancartas del Olímpico de Roma, «Catatonia is not Spain». ¿O habré leído algo mal por culpa de mi anciana tele compinchada con la antenología y la meteorología? Pues ni pajolera idea, pero de momento me quedo con el mensaje. Y por lo demás, mientras el cambio climático no afecte a la televisión, creo que mejor sigo instalado en el desastre antediluviano: viva la tele analógica (que sigue siendo muy lógica) y ni caso a los cantos de sirena de la TDT.





















